QUERIDOS PÁJAROS

Jare Carretero Vaca Valiente

    «La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla» -David Hume.

    Seamos revolucionari@s.

    La revolución de hacer cosas con una misma.

    Nos han enseñado a llenar desesperadamente el silencio.
    A huir de la soledad como si escondiera algo terrible.
    A distraernos constantemente para no mirarnos demasiado.
    Y en el proceso, muchas veces, nos olvidamos de lo más importante: nosotros mismos.
    Casi como si estar solos fuese más aterrador que estar mal acompañados.


    Vivimos rodeados de ruido.
    Música de fondo. Pantallas. Conversaciones rápidas. Notificaciones constantes. Interacciones vacias.
    Parece que siempre tenemos que estar compartiendo algo con alguien para que tenga valor.
    Pero nadie nos enseña a acompañarnos, a apreciar esos momentos en los que solo eres tu; eso tan especial que solo te pertenece a ti y a nadie mas: tu soledad.

    He pasado mucho mas tiempo sola del que la gente consideraría «normal». Y es que he conseguido encontrar una liberación inexplicable  en eso que la gente cree que tanto pesa. El camino ha sido difícil, y seguirá siéndolo. Es un aprendizaje constante. Al fin y al cabo eso es la vida, y creo que se nos haría muchísimo mas ameno el camino, a todos, si aprendemos a convivir con nosotros mismos; porque ahí es donde empieza todo.

    La soledad pesa, sí, a veces.
    Claro que pesa.
    Pero también enseña.
    También abraza.
    También transforma.

    Hay momentos estando sola en los que no pasa absolutamente nada.
    Y quizá ese sea el problema: que nos hemos acostumbrado tanto a la estimulación constante que cualquier instante de vacío parece insoportable.
    Pero fue justo ahí, en el aburrimiento, donde empecé a escucharme de verdad.

    Creo que aprendí más sobre mí en los momentos en los que estuve sola que en muchos años rodeada de gente.
    Porque cuando desaparece el ruido, empiezan a aparecer preguntas. Y aunque a veces incomoden, también te acercan muchísimo a quien eres realmente.

    A veces siento que estoy rozando la locura.
    Aunque quizá toda persona que pasa demasiado tiempo consigo misma termina llegando a lugares extraños.
    Y aun así, creo que de ahí nacen muchas cosas bonitas.
    Porque quizá la locura y la genialidad nunca estuvieron tan lejos la una de la otra.

    Si algo he aprendido en esta vida es que, en el fondo, estamos solos.
    Y no lo digo desde la tristeza.
    El ser humano necesita compañía. Somos seres sociales y, precisamente por eso, decidimos acompañarnos los unos a los otros durante el camino. Compartimos vidas, momentos, conversaciones, abrazos y despedidas.
    Pero aun así, hay algo inevitable: nacemos solos y solos moriremos.
    Suena duro.
    Incluso aterrador al principio.
    Pero con el tiempo he empezado a verlo como algo increíble.
    Porque significa que eres la única persona que va a estar contigo toda tu vida.
    Hasta el final.
    Entonces, ¿por qué no aprender a quererte?
    ¿Por qué no aprenderte?
    ¿Por qué no disfrutarte?
    Creo que una vez aprendemos a convivir con nosotros mismos, el mundo se vuelve mucho más amable. También las relaciones. También la forma en la que queremos a los demás.
    Porque cuando estás con alguien únicamente para llenar un vacío o escapar de la soledad, algo termina rompiéndose.
    Y quizá amar de verdad también tenga mucho que ver con eso: elegir compartirte, no necesitar salvarte.

    Estar con uno mismo no es estar solo.
    Ve al cine a ver esa película que tantas ganas tienes de ver.
    Ve a escuchar a ese cantante que tanto te gusta.
    Léete un libro en un parque mientras escuchas música y sientes la brisa.
    Date un paseo por tu sitio favorito de la ciudad.
    Ve a ver el atardecer.
    Empieza por algo simple.
    Aprende a disfrutar incluso del momento en el que haces la compra sola.
    Porque nadie te molesta.
    Porque puedes ir cuando tú quieras.
    Elegir la película que tú quieras.
    Cambiar de planes si te apetece.
    Pararte donde quieras.
    Irte cuando quieras.
    No tienes que esperar a nadie.
    No tienes que depender constantemente de alguien para vivir momentos bonitos.
    Solo empieza por quererte.
    Y quizá, poco a poco, descubras que la soledad no era el enemigo.
    Quizá solo era el lugar donde todavía no habías aprendido a encontrarte.