La revolución de actuar como humanos.
No acostumbro a escribir sobre mí, pero siento la necesidad de aclarar algo.
Creo que hemos aprendido demasiado bien a aparentar. A mostrar únicamente la parte de nosotros que encaja, que gusta, que no incomoda. Como si ser humanos se hubiese convertido en una especie de actuación constante.
Y quizá ahí esté el problema.
Pienso que vivimos en una sociedad que nos empuja continuamente hacia versiones idealizadas de nosotros mismos. Versiones productivas, bonitas, interesantes, seguras. Pero cuanto más intentamos convertirnos en algo admirable, más nos alejamos de la realidad de lo que somos.
¿No sería revolucionario actuar de una forma que nadie espera? Dejar de mostrar siempre la sonrisa perfecta, la respuesta correcta, la vida aparentemente ordenada… y empezar a compartir también nuestro lado realmente humano.
Voy a empezar yo:
No soy perfecta ni quiero serlo. Mi vida no es maravillosa, aunque a veces pueda parecerlo desde fuera. Y justamente eso es lo que no quiero que ocurra.
Tengo la odiosa manía de que las cosas se me den bien a la primera. Si creo que soy capaz de hacer algo, suelo aprenderlo rápido. Durante mucho tiempo pensé que eso era un regalo, pero ahora empiezo a entender que también puede convertirse en una cárcel.
Porque cuando nunca aprendes a fallar, acabas desarrollando un miedo atroz al error, al proceso, al papel en blanco. Y entonces empiezas muchas cosas, pero te cuesta quedarte el tiempo suficiente como para profundizar de verdad en alguna de ellas.
Desde fuera quizá parezca que sé pintar, escribir, viajar sola, conocer gente, tocar música o quererme a mí misma. Pero nada es tan simple cuando se vive desde dentro.
Pinto porque me gusta, pero muchas veces siento que mi técnica no es suficiente. Escribo muchísimo, aunque solo enseño aquello que creo que puede gustar. Intento cantar y tocar la guitarra, pero soy completamente autodidacta y todavía tengo muchísimo que aprender. Viajo sola y conozco gente, sí, pero también tengo miedo. Me equivoco. Pierdo aviones. Me siento sola y vivo en una lucha constante contra mi misma. No siempre soy amable, y cuando no lo soy, me castigo demasiado por ello.
Supongo que lo que intento decir es que cuando mostramos únicamente lo que el mundo espera ver, nuestra esencia acaba perdiéndose entre personajes cuidadosamente construidos.
Y eso me parece triste. Muy triste.
Porque nadie es realmente aquello que aparenta ser.
Todos tenemos una parte que escondemos. Y quizá es precisamente ahí, en lo que no enseñamos, donde empieza nuestra humanidad más real. En las contradicciones. En las inseguridades. En las cosas que intentamos disimular para sentirnos aceptados.
Yo no soy solamente la idea que puedas haberte hecho de mí. También soy todo aquello que no muestro. Todo lo que todavía estoy intentando entender.
Y quizá actuar como humanos de verdad consista exactamente en eso: dejar de interpretar constantemente una versión perfecta de nosotros mismos.
Si estas palabras consiguen que alguien se cuestione aunque sea un poco la necesidad de aparentar continuamente, entonces este texto habrá tenido sentido.

Deja un comentario