QUERIDOS PÁJAROS

Jare Carretero Vaca Valiente

    «La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla» -David Hume.

    Vertigo pintando desde el suelo.

    La primera vez que he sentido vertigo pintando desde el suelo.

    Siempre he tenido temor a la hoja en blanco. Supongo que cualquier persona que se haya puesto delante de un papel ha experimentado ese sentimiento alguna vez. Como si poner la punta del lápiz fuese a desencadenar una guerra mundial. Es un miedo completamente irracional, pero aun así me ha limitado muchísimo a la hora de crear.


    Pero, cuando pinté en una pared por primera vez, en un lugar que no me pertenecía, y que una vez lo abandonase ya no podría controlarlo… esa sensación de perder el control que tanto temía se convirtió en libertad.

    Da igual que falles. Puedes pintar encima o simplemente empezar en otra parte.
    Creo que por eso empecé a experimentar más. Porque da igual que la cagues.
    El graffiti tiene algo profundamente humano: aparece, ocupa un espacio y después deja de pertenecerte.
    Quizá me gusta pintar paredes porque no puedo guardarlas en un cajón esperando a ser perfeccionadas. Pintar en una pared,  me exige decisión.
    De hecho, en el mismo momento en el que pinto la primera linea, mi cabeza olvida todo lo que hay a mi alrededor. Solo quedamos el desorden frenético de las latas, el lienzo improvisado, y yo. Las ideas y los trazos van creciendo desde mi interior, sin hacer ningún esfuerzo.
    Hay algo muy liberador en crear sabiendo que algún día alguien puede pintar encima.
    Suelo ir a sitios abandonados, en lugares que no son de nadie, así que tampoco tengo la presión de que alguien vaya a verlo todos los días de su vida.


    Cuando me ofrecieron la posibilidad de hacer un mural en el lugar donde estaba de voluntariado, la cosa cambió drásticamente.
    Partiendo de que nunca había hecho un proyecto tan grande, apareció otro factor con el que no contaba: aunque la pared no me pertenecía, esta vez estaba haciendo algo para alguien. Había una expectativa. Tenía el diseño, tenía los colores y, de repente, sentía que no podía fallar.
    No me presionó nadie. Fui yo, como siempre.
    Y quizá por eso el mural me dio tanto vertigo.
    Porque ya no estaba pintando un lugar abandonado. Estaba dejando algo mío en un sitio habitado.


    Por primera vez sentí que alguien esperaba algo de mi arte, y eso convirtió la pared en un espejo bastante incómodo.
    Mientras pintaba seguía teniendo miedo. Mucho miedo.
    No sabía por dónde empezar, ni si el diseño realmente iba a funcionar en una pared tan grande. Había momentos en los que miraba el boceto y pensaba: «¿Y ahora qué hago con esto?».


    Pero al mismo tiempo sentía algo que me encanta del graffiti: esa especie de adrenalina que te obliga a concentrarte completamente en el presente.
    No podía pensar demasiado. Solo seguir pintando.


    Y creo que ahí aprendí algo importante sobre mí.
    No debo esperar a que el miedo desaparezca para hacer las cosas. Como si primero tuviera que sentirme preparada, segura o capaz. Porque no siempre ocurre así.
    El miedo seguía ahí.
    Y aun así, seguía pintando.
    Supongo que eso es algo que me gusta de mí misma: hago cosas incluso cuando me asustan.


    No tenía ni idea de cómo iba a terminar el mural. Y, sinceramente, tampoco tenía el control absoluto de que saliera bien.
    Pero salió.
    Y cuando terminé y vi la pared completa, me sentí orgullosa. Muy orgullosa.
    A la gente le gustó. Y entonces entendí algo bastante simple: quizá no era para tanto.

    Quizá no había tanta distancia entre mis expectativas y el suelo, como yo imaginaba en mi cabeza.
    Y, en el peor de los casos, siempre podía volver a empezar.
    También las paredes funcionan así.
    Y quizá la vida también.


    Me parece curioso que algo aparentemente tan pequeño como pintar un mural me haya enseñado cosas tan importantes.
    Lo que más me gustó no fue terminar el mural. Fue descubrir que era capaz de hacerlo sin saber exactamente cómo iba a salir.

    Solo me queda decirte una cosa: Haz eso que tanto te aterra, en vez de quedarte sentada a esperando a que el miedo desaparezca por arte de magia.

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    2 respuestas a «Vertigo pintando desde el suelo.»

    1. Avatar de Blanca v
      Blanca v

      No solo podemos volver a empezar en el peor de los casos, en el mejor también…

      Repintar una pared es darnos una nueva oportunidad

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    2. Avatar de Luis Gomez Eguinoa
      Luis Gomez Eguinoa

      Muy bien explicado, el graffiti no hace caso al miedo! El resultado tanto del muro como del artículo que has escrito, impresionante, como siempre…

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