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Bella locura.

Me paso la vida literalmente, escuchando el imparable retumbo de mi voz entre las paredes de mi consciencia. Soy incapaz de callarlo, incapaz de callarme.

Solo siento la necesidad de silenciarme por momentos con el arma de la distracción, un arma de doble filo.

Daría mucho por escuchar, aunque sea por unos instantes, el sonido de los mecanismos de las cabezas ajenas, los entresijos de alguna otra cabeza incapaz de cerrar sus ojos en noches demasiado oscuras.

Y es que encuentro demasiado atractiva a la locura cada vez que mis ojos bailan buscando respuestas, hasta el punto de tenerla miedo, de temerla por lo bella que es.