QUERIDOS PÁJAROS

Jare Carretero Vaca Valiente

    «La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla» -David Hume.

    Me fui a Marruecos a pintar recuerdos.

    Alguien, en otro continente, pensó en mí para que pintara su pared. No sabéis la ilusión que me hizo. Cogí un avión sin pensarlo y aparecí en Agadir. Llegué con mis ganas, mi mochila y sin boceto. Me encontré una pared enorme, pintura extraña y risas, muchas risas.

    Seamos sinceros. Ha sido un mural muy guerrillero. Resulta que comprar pintura en Marruecos no es tan fácil como pensaba. Digamos que no tuve elección en cuanto a la paleta de colores. Logramos encontrar pintura blanca y polvos de colores de dudoso funcionamiento, con los que, se suponía, podía conseguir todos los colores que quisiera. Los tonos pastel nacieron sencillamente de la cantidad de pintura blanca, que obviamente era mayor.

    Aunque la odisea fue, cuanto menos, estresante, mis nervios brotaron en cuanto la vi: veinte metros cuadrados de algo que se suponía era una pared. Rugosa como ella misma, no había ni una sola parte que no fuese irregular.

    Confieso que tuve miedo. No sabía por dónde empezar. El muro se convirtió en mi enemigo y la pintura, su cómplice. Dudé de mí.

    Pero entonces apareció él. Un señor mayor con una sonrisa tan real e inocente… que me hizo incluso volver a tener fe en la humanidad. “Qué exageración”, diréis. Pero no miento.

    Conseguimos, mediante algo parecido al idioma que entienden las personas que comparten el mismo planeta, entendernos como mejor pudimos.

    No sé decir con seguridad qué es lo que aquel hombre me dijo. Ni siquiera sé explicar cómo lo hizo, pero consiguió devolverme la ilusión.

    Aunque parezca difícil de creer, tardé solamente tres mañanas en acabar aquel mural.

    El tiempo que no estuve pintando… también fue inesperado. A mí me habían ofrecido pintar a cambio de alojamiento durante una semana, pero nadie me dijo que también incluía una estancia llena de aventuras.

    Conocí a mucha gente y tuve la oportunidad de vivir con ellos dos semanas inolvidables, en las que no hacer nada no entraba en nuestros planes.

    Gracias a ellos descubrí que…

    Marruecos huele a té caliente. Suena a guembri —instrumento tradicional del Magreb con tres cuerdas—, a gaviotas y a motos que inexplicablemente siguen funcionando. Sabe muy dulce y a hierbabuena. Es de color tierra, una tierra demasiado vibrante.

    En Marruecos se come con más ganas, con las manos, con los amigos y familiares, untando khobz —pan— del mismo plato.

    Es frenesí. Saber que no vas a llegar a tiempo y, aun así, Marruecos es calma.

    Me he encontrado en su gente, en sus calles abarrotadas de animales callejeros, y he encontrado una belleza inmensa en su idioma y su historia.

    Me ha enseñado a encontrar paz en el caos y oportunidad en lo inoportuno.

    Me llevo muchísimo más que las manchas de pintura de mi ropa. He recorrido la costa oeste del país acompañada de personas imposibles de describir sin ilusionarme. Unas cuantas hostias con la tabla de surf, unas noches inolvidables bailando al fuego y a las estrellas mientras cenabamos tajín… Me llevo música y nuevas palabras con las que entender el mundo.

    Fui a Marruecos a dejar un poco de mí y resulta que fue el quien dejó un poco de sí en mí.

    Sé que algún día volveré. Quizás aquella pared ya no exista. Quizás el sol haya borrado sus colores pastel, o el tiempo haya derrotado a mi enemigo…

    Supongo que hay cosas que no necesitan perdurar para quedarse.

    Fui a Marruecos y acabé pintando recuerdos…

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    2 respuestas a «Me fui a Marruecos a pintar recuerdos…»

    1. Avatar de devotedlystellard3213f75e8
      devotedlystellard3213f75e8

      No tengas miedo a enfrentarte a ninguna pared…

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    2. Avatar de Kellyan
      Kellyan

      Gran experiencia. Sigue viviendo y experimentando. Gracias por compartir tu sonrisa y tus viviencias. Un besito enorme!!

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